A finales
del año 2003, un joven llamado Jaime Noriega,
natural de Pacasmayo, ciudad ubicada al norte del
departamento de La Libertad, se acercó al módulo
de golosinas de la señora Irma Ortiz en la
playa La Pampilla de Miraflores, preguntándole
quién le podía enseñar a surfear
a sus cuarenta y dos años de edad. Irma, como
cariñosamente la llamamos, no dudó en
acercársenos y proponernos la delicada tarea
de introducir en el deporte de los reyes a tan entusiasta
aprendiz.
En un primer momento lo dudamos, proponiéndole
incluso al futuro tablista que acudiera a las escuelas
de surf en ese entonces conocidas en el medio; sin
embargo, las palabras de aliento de nuestra querida
Irma nos dieron el valor suficiente para emprender
lo que se consolidaría como la ACADEMIA
DE TABLA EDGARDO DEL PINO.
Jaime
Noriega, nuestro primer alumno, es ya un tablista
que disfruta de las olas peruanas y forma parte de
nuestra GRAN FAMILIA.
A los tres
meses de existencia, salimos del anonimato gracias
a la destacada participación de nuestra alumna
Mercedes Reátegui, del colegio Markham, quien
con tan sólo dos meses y medio de experiencia
logró desplazar a tablistas que tenían
un año corriendo olas, enfrentando además
un mar embravecido y llegando hasta la final de la
categoría iniciantes en el 'Campeonato Aloha
Jesús I' realizado en la playa La Pampilla
a finales de abril de 2004.
Esto llamó la atención en la comunidad
de tablistas peruanos y no tardó mucho en esparcirse
la noticia.
Clic
a la imagen
En octubre de 2005, cerca de nuestro
segundo aniversario, obtuvimos el Premio Deportivo AZSPORT
2005, siendo galardonados como la MEJOR ACADEMIA DE TABLA
HAWAIANA DEL PERÚ, distinción otorgada por
la revista AZSPORT y un holding de comunicaciones integrado
por empresas nacionales y extranjeras, distinción
que nos compromete a mantenernos a la vanguardia de la enseñanza
del surf en el Perú y el mundo.
Nuestro reconocimiento y gratitud a
todos los alumnos, ex - alumnos, padres de familia, amigos
y demás personas que en estos primeros cinco años
depositaron su confianza en nuestras manos.